Comentarios finales

En el año 2017 me dediqué a leer toda la poesía platense que estuvo a mi alcance, Bibliotecas, Internet y mis libros personales. Me considero un coleccionista de poemas y por esta razón procuré un libro donde estuvieren los poemas de más alta calidad de entre todos los que había encontrado sin hacer caso a los prestigios de los autores ni al nepotismo o amiguismo en el que se posan la mayoría de las antologías.

Una recopilación de poemas platenses que exceda lo contemporáneo no tenía lugar desde la década del cincuenta con el libro de Roberto Saraví Cisneros, su Primera Antología Poética Platense. En el prólogo de aquella gran obra el autor comenta:

“Desde luego, seleccionar la producción poética de una ciudad, resulta, aparte de empresa nueva, sumamente riesgosa, dado que puede dar origen a pequeñas rencillas o a enconados rencores.

Para detener a unas y a otros, debe señalarse aquí que el autor sustenta el criterio de que toda antología es un acto de fe. Es evidente que el compilador, no obstante su objetividad, se siente llevado de la mano por preferencias personales o por afinidades que no siempre conducen estrictamente a lo justo. Si es así, hallará disculpa en la honestidad que ha presidido su labor.”

En Livianas imágenes de la fiebre se afirma expresamente que se trata de una empresa imposible como es imposible la objetividad. Si hoy me dispusiera a reelaborarla, no dejaría afuera algunos poemas cuyos creadores nombro en la Segunda Nota del Compilador, firmada en 2018, año en que recibí la colaboración de Vicente Costantini y de Laura Rolando quienes con amplia generosidad enriquecieron el libro con un digno prólogo y muy decorosas ilustraciones respectivamente.

Decidí entonces que se quedaran aquellos poemas seleccionados en 2017 porque con ese corpus habían trabajado tanto Laurita como Vicente pese a ya considerar una injusticia la exclusión de los textos antes referidos. En este sentido, no quisiera omitir que las ausencias las cuales más lamento entre las páginas que dan vida a esta publicación son las de María de Villarino y Diego Roel quien junto a Caso Rosendi me parecen los dos poetas que están un peldaño por sobre el resto de los que actualmente permanecen en actividad. Tampoco puedo dejar de mencionar a Carla Lo Gioco quien entiendo va camino a ese nivel y acaso a otros superiores.

No es así una intención apriorística de la presente antología que etimológicamente significa recoger o seleccionar flores, imponer un canon como en el caso de Harold Bloom para la literatura occidental que además era sustentado con una teoría filosófica tan fascinante como a contramano de su época, sino justamente elaborar una guirnalda platense, un ramo de flores escogidas a partir de lo que a mí entender es un poema de calidad, lo cual está minuciosamente explicado en el Decálogo Del Poeta Autentico.

Soy un amante apasionado de estas latitudes donde he vivido la mayor parte de mi vida, por lo que disfruto mucho en hacer las veces de guía turístico cada vez que me visitan amigos de otros lugares. Livianas imágenes de la fiebre es un recorrido turístico que se aventura en la historia de la poesía platense tal como lo hubiese ofrecido en el año 2017. Se trata, en rigor, de una propuesta estética consistente en un paseo por el género lírico que ha sabido forjar nuestra región como si los textos elegidos fueran hitos geográficos tales como La Catedral, El Teatro Argentino o La Casa Curutchet con objeto de que el lector quien guste realizarlo perciba, cito, «un deleite vigoroso mientras se recorre sus páginas».

Si hoy, después de tres años, decido publicar este trabajo, mi decisión se posa en los siguientes motivos:

I) Encuentro totalmente loable hacer explícita la discusión sobre qué es un poema de calidad;

II) Entiendo con absoluto convencimiento atinada la búsqueda que se propuso el libro, a saber, la creación de una antología histórica platense que no se base en el prestigio de los autores sino en la cuestión aludida en el primer punto y con la fuerte impronta de eludir todo nepotismo ya que en el año de su producción solo me unían vínculos afectivos con dos poetas creadores de las obras finalmente seleccionadas, dos amistades de las que el lector se entera en la Segunda Nota Del Compilador;

III) Creo asimismo saludable su publicación debido a la ausencia de toda antología histórica en más de medio siglo platense con objeto de alentar a la creación de otras que acaso sepan reparar los defectos de la presente;

IV) No es motivo menor considerar que se trató de una empresa que encaré con vasto afecto y pasión y en la que tan altruistamente me aportaron su tiempo y dedicación tanto el prologuista de la obra, un literato notable de nuestra región, Vicente Costantini como así también mi gran amiga Laurita Rolando, licenciada nada más y nada menos que en nuestra distinguida Facultad de Bellas Artes, aportante de las cuatro ilustraciones yacientes en el libro;  

V) El producto resultante, no será el mejor (aunque por el momento sí es el mejor y el peor a la vez ya que es el único que existe hasta ahora) pero en esto creo todos vamos a estar de acuerdo, se trata de un ramo de flores digno de admirar y apreciar, ostentador de una enorme belleza;

VI) Redime del imperioso olvido a grandes obras de arte y en consecuencia, grandes artistas. Se explica en la Primera Nota Del Compilador que se trata de una antología de Poesías, no de Poetas. Lo que le interesa a Livianas imágenes de la fiebre, como ya habrá quedado claro, son en absoluto las obras siendo los creadores de éstas meras y lógicas consecuencias.

Por último, cabe aclarar que en tanto propuesta estética, se tuvo muy en cuenta la polifonía y la heterogeneidad, razón por la cual se recogió solo un poema por autor. Quizá para un próximo libro quede la tarea de seleccionar y analizar las más grandes obras poéticas que ha brindado la ciudad, ahí sí obra y poeta creo resultarían sinónimos, y estoy seguro de que no llegarían a diez los nombres propios los que la compondrían, entre ellos Arrieta, West, Speroni, Lahitte, Porro, el gran Horacio Castillo entre los que ya no están, acaso alguno más, y examinar sus mejores composiciones justificando siempre con un riguroso análisis cada elección.

O tal vez no, acaso mi yo del futuro cambie de opinión. El propio Bloom dijo años más tarde de la publicación de su Canon occidental que en lugar de Neruda, tendría que haber puesto a Vallejo. El tiempo dirá.

Daniel Grozo
La Plata
Verano del 2020

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